Durante cuatro días, la localidad volvió a convertirse en sede de una programación que reunió películas de distintos países, realizadores invitados, espacios de formación, actividades comunitarias y encuentros abiertos al público, reafirmando el compromiso del festival con la descentralización cultural y el acceso democrático al cine documental.
La quinta edición se desarrolló en un contexto desafiante para la cultura independiente, lo que refuerza aún más el valor de sostener un festival internacional desde la ruralidad, generando oportunidades de circulación para obras documentales contemporáneas y espacios de encuentro entre profesionales, estudiantes y comunidad.
Y como todo lo que sucede en PampaDocFest, cada instante fue registrado con el mismo amor con el que fue creado. A continuación, compartimos las galerías de fotos (de Cristobal Basaure y More Gómez) que resumen la intensidad, la belleza y la emoción de lo vivido en esta edición inolvidable. Y que, como toda imagen, seguirá resonando en quienes fuimos parte.
La Selección Oficial presentó largometrajes y cortometrajes provenientes de distintos territorios, con historias que abordaron problemáticas sociales, ambientales, políticas y culturales desde enfoques estéticos diversos.
El festival volvió a apostar por una programación que integra nuevas voces del documental con realizadores de trayectoria, generando un diálogo entre perspectivas locales e internacionales.
Las proyecciones convocaron a públicos de distintas edades, fortaleciendo el vínculo entre el cine documental y la comunidad.
Uno de los ejes centrales del PampaDocFest continúa siendo la formación. En esta edición se desarrollaron masterclasses, talleres y conversatorios que permitieron compartir herramientas y experiencias con estudiantes, realizadores y público interesado.
Entre las actividades destacadas se realizaron instancias de reflexión sobre el lenguaje audiovisual contemporáneo, el vínculo entre imagen documental y realidad social, así como espacios de intercambio sobre los desafíos actuales del sector cultural y audiovisual. La Mesa de Festivales: circulación, territorio y comunidad propuso pensar el rol de los festivales como espacios de construcción cultural, particularmente en contextos alejados de los grandes centros urbanos.
Asimismo, el III Laboratorio de Incubación: Docs en Desarrollo Inicial reunió proyectos documentales en etapa temprana, generando un espacio intensivo de análisis, tutoría y fortalecimiento conceptual, reafirmando el compromiso del festival con el acompañamiento de nuevas producciones.
El programa Latidocs | Cine en Comunidad volvió a demostrar la potencia de los procesos colaborativos, invitando a vecinos y vecinas a formar parte de una experiencia de creación audiovisual colectiva.
En pocos días, participantes de distintas edades desarrollaron el cortometraje ¡Qué lindo es bailar! – Wie schön ist tanzen, estrenado durante la Gala de Premiación. La propuesta reafirma la vocación del festival de integrar activamente a la comunidad, promoviendo el acceso a herramientas audiovisuales y fortaleciendo el vínculo entre cultura y territorio.
Por su parte, el Torneo Estudiantil de Cine para Redes impulsó la participación de jóvenes realizadores, promoviendo el desarrollo de narrativas breves pensadas para entornos digitales y estimulando nuevas formas de expresión audiovisual.
La programación también incluyó actividades que vinculan el cine documental con problemáticas sociales contemporáneas, promoviendo espacios de reflexión sobre memoria, derechos humanos, identidad cultural y cuidado del ambiente.
El inicio del programa PampaDocHorizontes reafirmó la intención del festival de extender el documental hacia espacios comunitarios, entendiendo el cine como herramienta de diálogo social.
El jurado internacional distinguió obras que se destacan por su sensibilidad estética, su solidez narrativa y su compromiso con los temas abordados.
En la categoría Ruralidad fue reconocida «Aprendiz de chamán mukuña», por su profunda reflexión sobre el cuidado del territorio y los saberes ancestrales.
El premio a Mejor Largometraje fue otorgado a «Al oeste, en Zapata», una obra de gran potencia narrativa que retrata la relación entre el tiempo, el trabajo y la vida en un entorno atravesado por la naturaleza.
En la categoría Cortometraje fue distinguida «El peso de la mirada», un ensayo documental que propone una reflexión sobre la ética de la imagen y la responsabilidad del cineasta frente al sufrimiento humano.
La quinta edición del PampaDocFest también profundizó el trabajo con infancias, a través de actividades especialmente diseñadas para acercar el lenguaje audiovisual a niños y niñas, promoviendo la curiosidad, la creatividad y el contacto temprano con el cine como forma de expresión cultural. Estas propuestas, coordinadas por Cande, generaron espacios lúdicos y pedagógicos que permitieron explorar el vínculo entre imagen, juego y relato, fortaleciendo la idea de que el acceso a la cultura debe comenzar desde las primeras edades.
En esta misma línea, el Staff Joven volvió a desempeñar un rol fundamental en la organización del festival. Jóvenes de la comunidad participaron de instancias de formación previas y se integraron activamente en la producción del evento, adquiriendo herramientas vinculadas a la gestión cultural, la comunicación y la coordinación de actividades. Esta experiencia no sólo fortalece capacidades locales, sino que promueve el protagonismo de las nuevas generaciones en la construcción de proyectos culturales en su propio territorio.
El PampaDocFest continúa consolidándose como una propuesta cultural única en la provincia de La Pampa, articulando esfuerzos entre la Fundación Angular, la Municipalidad de Colonia Santa Teresa, organizaciones del tercer sector y redes de colaboración nacionales e internacionales.
La quinta edición reafirma la importancia de sostener espacios de encuentro cultural en territorios rurales, promoviendo el acceso a experiencias cinematográficas de calidad internacional y fortaleciendo la producción audiovisual contemporánea.
El festival demuestra que es posible construir una plataforma cultural con proyección internacional desde una pequeña comunidad, generando impacto local y contribuyendo al desarrollo de una ciudadanía activa y participativa.
Una vez más, el cine documental se convirtió en una oportunidad para encontrarnos, compartir historias y pensar el mundo que habitamos.